

Alcalinidad. El cemento fresco, el hormigón y los morteros son altamente alcalinos. Si este tipo de soporte no se protege adecuadamente la acción de la lluvia hace que se humedezcan y que las sales solubles presentes en los mismos salgan al exterior en forma de manchas blanquecinas. Si se aplican pinturas con ligantes sensibles a la alcalinidad se degradan fácilmente apareciendo unas manchas blanquecinas en determinados puntos. Asimismo el pintado sobre cementos frescos que aún no han curado (4 semanas) produce también este problema.
La alcalinidad también daña a los pigmentos si estos no son los adecuados. Si los pigmentos se han dañado virando a otros colores la única solución es el repintado de la fachada utilizando materiales con elevada resistencia a la alcalinidad (insaponificables). Si observamos que la fachada tiene exceso de alcalinidad, previamente tratarla con agua acidulada (ej: agua fuerte diluida con agua).

Decoloración. La acción de los rayos ultravioleta degrada los pigmentos de la pintura produciendo una disminución del tono del color e incluso su total destrucción. Esta acción es más notable en las partes de la fachada más expuesta al sol. Esto se origina por la utilización de pigmentos no estables a los rayos UV y en las pinturas de baja calidad. La única solución es el repintado de la fachada decolorada.
